24 Sep ¿Seguimos teniendo tiempo para un café con los periodistas?
Después de más de quince años trabajando en comunicación, sigo encontrando mucho valor en algo aparentemente sencillo: sentarse con un periodista, compartir un café y conversar.
He trabajado a ambos lados, en medios y en comunicación de marcas. Y esa experiencia me ha enseñado que lo que una empresa quiere contar no siempre coincide con lo que un periodista necesita saber. Para descubrir ese punto de encuentro hay que escuchar, preguntar y aceptar que quizá el enfoque interesante sea otro.
Por eso creo que los desayunos de prensa, las pequeñas reuniones y otros encuentros con periodistas siguen teniendo sentido. En ellos hay espacio para una pregunta inesperada, una explicación con matices o una conversación que difícilmente surge en un correo enviado a cincuenta contactos.
Ahora bien, convocar exige ponerse en el lugar de quien recibe la invitación. Entre desplazamientos y asistencia, un desayuno puede ocupar buena parte de una mañana. Tenemos que ofrecer algo que justifique ese tiempo: información relevante, acceso a una fuente, una perspectiva útil o la posibilidad de preguntar sin que todo esté condicionado por un guion.
Si vamos a leer una nota de prensa en voz alta y proyectar veinte diapositivas corporativas, quizá podríamos resolverlo con un correo. Aunque los cruasanes sean excelentes.
También conviene recordar algo: aceptar una invitación no implica adquirir un compromiso de publicación. Un periodista puede asistir, interesarse, preguntar y decidir que el tema no encaja. Respetar ese criterio es parte esencial de nuestro trabajo.
A veces, el valor de un encuentro aparece después. Cuando el periodista necesita contrastar una información y sabe a quién llamar. Cuando entiende mejor un sector. O cuando se siente con la confianza suficiente para plantear una pregunta incómoda y espera una respuesta honesta.
Me interesa seguir defendiendo esos espacios. Bien preparados, con grupos que permitan conversar y con más tiempo para las preguntas que para los discursos.
Porque en comunicación dedicamos mucho esfuerzo a conseguir que nos escuchen. Y sentarnos a tomar un café también debería servir para comprobar si nosotros estamos escuchando.
¿Qué hace que un encuentro con una marca merezca vuestro tiempo?
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